Mascotas: Eutanasia

Mascotas: Eutanasia

La eutanasia es un procedimiento veterinario que implica la muerte de un perro con una enfermedad incurable que merma de manera destacable su calidad de vida. Para considerar la eutanasia como tal, tienen que ocurrir dos cosas:

– Que el diagnóstico de la enfermedad sea claro y que, clínicamente, no existan alternativas.
– Que la inducción a la muerte se realice la manera más indolora y menos angustiante para el animal, de acuerdo con las técnicas veterinarias más avanzadas disponibles.

Frecuentemente se utiliza indistintamente la palabra eutanasia y sacrificio para referirse a la muerte inducida de perros y otros animales no humanos.

Sin embargo, eutanasia y sacrificio no son lo mismo y es muy importante tener en cuenta que, entre ellas, existe una gran diferencia.

Se considera sacrificio, y no eutanasia, cuando se induce la muerte de un animal sano (o con una enfermedad tratable o indeterminada).

Emma Infante, quien cuenta con una Maestría en Derecho Animal por la Universitat Autònoma de Barcelona y cofundadora de la Asociación Futur Animal. Ella lo explica muy claro:

“La eutanasia puede entenderse como un derecho del animal a no sufrir inútilmente cuando la naturaleza ha impuesto un padecimiento incurable. El sacrificio, en cambio, es una respuesta tradicional, y que es necesario extinguir, pues acaba con la voluntad de vida de un ser sintiente al que le falta un propietario responsable o recursos públicos/privados que lo sostengan”.

Ante la decisión de eutanasiar o no a un perro siempre asaltan las dudas morales. Según el Doctor en Veterinaria y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Albert Lloret, la comunicación con el propietario o el responsable de ese animal es fundamental para ayudar a disiparlas:

“A la hora de afrontar la inducción de la muerte en animales de compañía, además de las consideraciones morales, hay que garantizar una buena comunicación con el propietario y un esclarecimiento de los conceptos que integran la calidad de vida del animal. Estos ítems pueden variar de un caso a otro pero existen unos mínimos incontestables: ganas de comer, vigilia, deambulación autónoma, control de esfínteres, y ausencia de dolor y de sufrimiento.”

Por otro lado, algunas personas sienten que no es correcto decidir sobre la vida de otro ser vivo cuando éste no puede expresar su consentimiento ante la decisión.

De nuevo, Emma Infante nos ayuda a aclarar este punto tan doloroso:

“El propietario de un animal (bien sea un particular o la Administración Pública), igual que los tutores de un bebé, un niño o un enfermo inconsciente, deben sopesar con los veterinarios el pronóstico, las posibilidades reales de recuperación, la ausencia o no de sufrimiento y el grado de bienestar esperable. Lo importante es que la decisión se tome con el adecuado asesoramiento y siempre teniendo claro que se prima el bienestar del sujeto atendiendo a un criterio de salud y no de gestión de recursos”.

Una muerte natural es lo que muchos de nosotros les deseamos a nuestras mascotas. Son miembros de nuestra familia, parte de nuestra vida y, para muchos de nosotros, la idea de la eutanasia nos parece inconcebible, así que nos aferramos a la idea de que es deseable una muerte natural.

Sin embargo, un veterinario responsable aconseja que la teoría del fin de su vida no era realista. En la mayoría de los casos, una muerte natural, implica sufrimiento prolongado que no siempre vemos, porque los perros y los gatos son más estoicos que los humanos cuando se trata de dolor.

Alice Villalobos, una veterinaria proveniente de Hermosa Beach, California, especializada en oncología, dijo que muchos dueños de mascotas idealizan una muerte “natural” sin pensar en lo que realmente significa. Un animal frágil, señaló, no dura mucho en la naturaleza.

Alice Villalobos

“Cuando los animales fueron domesticados renunciaron a la libertad de ponerse bajo un arbusto para esperar a morir”, dijo Villalobos. “Muy pronto se vuelven parte del plan maestro de la madre naturaleza a causa de los depredadores o el clima. Sin embargo, en nuestras casas los protegemos de todo, por lo que pueden vivir mucho tiempo, a veces demasiado”.

Villalobos ha defendido lo que llama “eutanasia enfocada en el vínculo”, la cual permite que el propietario de la mascota esté presente y desempeñe un papel reconfortante durante el procedimiento. También ha defendido la eutanasia con sedación, la cual pone a dormir placenteramente al animal antes de aplicar un medicamento letal.

Para ayudar a los propietarios de mascotas a tomar decisiones sobre los cuidados al final de la vida, Villalobos desarrolló una herramienta de decisión basada en siete indicadores. En una escala de cero a diez, en la que cero es la peor situación y diez la mejor, se le pide al dueño que evalúe las siguientes categorías:

• Dolor: ¿El dolor de la mascota se regula exitosamente? ¿Está respirando con facilidad o le cuesta trabajo?

• Hambre: ¿La mascota está comiendo lo suficiente? ¿Ayuda darle de comer con la mano?

• Hidratación: ¿Está deshidratada?

• Higiene: ¿La mascota puede permanecer limpia? ¿Está sufriendo de úlceras causadas por permanecer acostada?

• Felicidad: ¿La mascota expresa alegría e interés?

• Movilidad: ¿Puede levantarse sin ayuda? ¿Tropieza?

• Más: ¿La mascota tiene más días buenos que malos? ¿Aún es posible tener un vínculo humano-animal saludable?

“La muerte natural, por mucho que la gente desee que suceda, quizá no sea gentil ni fácil ni pacífica”, agregó Villalobos. “La mayoría de la gente preferiría asegurarles una muerte pacífica a sus mascotas. Tan solo estás ayudando a que la mascota se separe de su grupo, como lo habría hecho en la naturaleza”.

El hecho de comprender cómo se practica la eutanasia a perros y gatos puede ser un alivio y reconfortar a sus dueños antes de tomar la decisión y durante el proceso.

Algunos veterinarios proporcionan un sedante suave antes de la eutanasia; en especial si el can o felino está nervioso o muy estresado, muy asustado o padece dolor.

El medicamento para la eutanasia que usan la mayoría de los veterinarios es pentobarbital. Este barbitúrico (similar al utilizado para las anestesias) se emplea por lo general para tratar las convulsiones, pero en grandes dosis logrará que el peludo amigo pierda la consciencia. Normalmente se administra por vía venosa, con un catéter, para que su efecto sea más rápido.

El medicamento de la eutanasia no solo logra que quede inconsciente y deje de padecer dolor, sino que además provoca la parada cardiovascular y respiratoria. En pocos minutos, su corazón y sus pulmones dejan de funcionar. “Puesto que el animal está inconsciente, no siente dolor: algunos animales fallecen tan suavemente durante la eutanasia, que incluso para los veterinarios es difícil de distinguirlo hasta que no confirman que el corazón ya no funciona”, añade la veterinaria Laura Eirmann. Las últimas respiraciones son más bruscas, pero el animal ya no tiene capacidad de sentirlas ni de sufrir.

Cuando fallece, los ojos suelen permanecer abiertos. Y, puesto que existe una relajación muscular completa, es normal que el gato o perro orine o defeque. “Esto es algo que la familia humana también debe saber, para estar preparada”, avisa la veterinaria.

Además, es importante conocer que la eutanasia de estos animales puede realizarse en la clínica veterinaria. En este caso, conviene llevar su cama preferida, su manta y algunos de sus juguetes, para que se encuentre lo más confortable y cómodo posible.


Pero también está la opción de pedir al veterinario que se desplace a casa para practicar la eutanasia. No todos los médicos ofrecen esta posibilidad, por lo que es importante informarse y confirmar que este extremo es posible con antelación. Y no solo eso. De esta manera su humano puede estar presente o no durante estos últimos momentos con su amigo de cuatro patas.

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Mean Machine

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