Un poco de historia: Los hijos del quinto sol

Un poco de historia: Los hijos del quinto sol

México es rico en muchas cosas, sobre todo en cultura e historia. Cualquiera conoce nuestros orígenes y sabe que provenimos de los Aztecas. Y cómo también sabemos, esta banda salió de Aztlan, lo que hoy en día es el estado de Nayarit en busca de la señal que les dio Huitzilopochtli, para fundar su ciudad definitiva, la cual hoy en día es cuna de museos, centros culturales, comida muy buena y muchos vendedores ambulantes.

Lo que tal vez pocos sepan, es que los Aztecas nos dejaron una mitología y leyendas muy interesantes, para mi gusto la más importante es, la de los hijos del sol.

Según los Aztecas, Mexicas una vez fundada México Tenochtitlán, el universo se repite constantemente en Soles. Cada una de las eras extintas fueron uno. Los tiempos, comenzaron con la figura del Sol de tierra (o Nahui-Océlotl que es cuatro-ocelote o jaguar), época habitada por gigantes donde los jaguares o entes de la sabiduría (que al mismo tiempo son Tezcatlipoca), acabaron con sus habitantes.

Le siguió el Sol de viento (Nahui-Ehécatl), creado por Quetzalcoatl quien también fue Ehécatl para los Aztecas. Siguiendo el mito, fue una época culminada por huracanes y fuertes vientos que lo desintegraron todo.

El tercer sol fue un Sol de lluvia de fuego (Nahui-Quiahuitl). La destrucción fue emprendida por Quetzalcoatl arremetiendo contra Tezcatlipoca. En esta era los habitantes fueron corrompidos por la perversión y entonces destinados a consumirse en el fuego. Quienes fueron acreedores de su salvación se convirtieron en pájaros y entonces apareció Tláloc (de ojos grandes y largos dientes) para convertir el mundo en agua.

El cuarto Sol, fue de agua (Nahui-Atl), levantado por Quetzalcoatl por medio de la dualidad de Tláloc – Chalchiuhtlicue. Este mundo poseía un cielo de agua. Era un reino con inmanentes conocimientos tecnológicos que habrían de darse bajo las facetas de oro, plata, bronce y hierro. Tezcatlipoca hace caer el cielo provocando un tormentoso diluvio que duró años, convirtiendo a todos los hijos de esta época en peces. En una versión, dos humanos, un hombre y una mujer debajo de un ahuehuete, sobrevivieron para poder engendrar vida en el siguiente Sol. Otras versiones refieren a que Quetzalcoatl visitó el Mictlán para sacar los huesos de los hombres.

Las cuatro formas en las que se manifestó la vida en estos soles, corresponde a los cuatro puntos cardinales del plano terrenal o destinos del planeta, que fueron ejemplificados por los aztecas en un hermoso árbol cósmico.

El Quinto Sol figura actualmente como el Sol de movimiento: Nahui-Ollin (cuatro-movimiento). Es la unión de las cuatro eras anteriores (o los cuatro dioses-elementos), cuya posición se encuentra en el centro, como un quinto punto cardinal. Siguiendo la leyenda los hijos del Quinto Sol perecerán por el movimiento de la tierra (los terremotos) pero también por la hambruna y de ésta la violencia.

Teotihuacán, la ciudad donde los hombres se convierten en dioses, fue el lugar donde advierte el mito que se concibió nuestro Sol actual. Se hizo a través del sacrificio de la sangre (de los dioses) para darle movimiento al Sol muerto. De esta manera es como se concibe a una era en la que el Sol, que mantiene girando al mundo, necesita saciarse con el sacrificio más preciado que tiene el hombre: su sangre. Se trata de una hermosa alegoría que nos recuerda, porqué es tan importante darle vida a estos relatos sagrados que, si bien es cierto, conforman una verdadera ley universal que todavía, los hijos del Quinto Sol, no somos capaces de entender en su totalidad.

El mismo símbolo que es Ollin (cuya raíz ol significa bola o pelota) representa movimiento bajo distintas versiones de su cosmovisión: lo encontramos en el movimiento del Sol, en la sucesión de las eras que es cíclica, en el destino del Ser (lo central) y sus periodos de eterna evolución. En síntesis se trata de la Dualidad del Devenir, del constante nacer y renacer que provoca transmutaciones.

Resulta increíble observar cómo es que el Ollin se parece tanto al uróboros, signo milenario encontrado principalmente en Egipto, cuya silueta es justamente un círculo y representa la eternidad de un ciclo, o inclusive el yin yang taoísta y la dualidad de las cosas. La veracidad de mitos como el del Quinto Sol, se ve reflejada en muchas otras culturas que han forjado sus propias leyendas bajo una misma cosmovisión universal: un renacer.

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Mean Machine

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